En dias como hoy, lluviosos y grises pero un poco sofocantes, cuando paseo por la ciudad pienso en cómo sería todo esto hace unos 150 años. Sus callejones estrechos en los que casi hay que pasar de lado, los canales despidiendo su inconfundible olor de verano, las gaviotas peleando por un bocado y los marineros esperando en el puerto la hora de enrolarse en algún barco mercante. Todavía se puede respirar ese ambiente en los bruine cafés más cercanos al puerto, ahora moderno, pero que todavía guarda algunos rincones oxidados. En estos cafés de iluminación macilenta es fácil sentirse transportados a aquellos días de cerveza agria y denso humo de tabaco de liar donde las rubias mujeres o bien servían la cerveza, se la bebían apostadas en la barra conversando escandalosamente con los marineros o buscaban un cliente que les pagase un florín o dos por sus servicios.
Escuchad esta canción de Jacques Brel, no me transporta al frío Amsterdam sino al sofocante y lluvioso del principio del verano.
Una descripción muy bonita! Felicidades y un besico, Trus!