“Desde hace una semana ya nadie sabe la hora exacta. Han retirado nuestro querido reloj de la Westertoren, seguramente para fundirlo como material de guerra, y no tenemos forma de saber en qué hora del día o de la noche vivimos. Yo tengo la esperanza de que lo sustituyan por otro de cobre o hierro, para que el barrio vuelva a tener su reloj”
Diario de Ana Frank
Ahora que empezamos a mudarnos de nuestra casa de Herengracht creo que he de empezar a despedirme de ciertas cosas. Una de las que más voy a echar de menos es la Westertoren, la torre de la Westerkerk o Iglesia del Este (como la bruja del Este del Mago de Oz!). Es imposible no echarla de menos: su carrillón marca el paso del tiempo cada 15 minutos, a las en punto con una melodía, que a fuerza de escuchar me he aprendido de memoria y hasta puedo decir que la cambian cada 3 meses. Y a y cuarto y menos cuarto con un pequeño repiqueteo de campana. En algunas ocasiones hay conciertos de carrillón: las campanitas interpretan melodías, unas cocnocidas (por mi) otras no tanto durante varios minutos. Es sobrecogedor: el tiempo se detiene y solo se escucha la música en el vecindario, el atardecer y el canal hacen el resto. Recuerdo una vez que la melodía era tan bella que no pude evitar emocionarme…
También voy a echar de menos su silueta, rotunda y un poquito inclinada, de cuento medieval, que veo cada día desde la ventana del dormitorio. Es mi mirador privado hacia Westerkerk, me dice qué hora es cada mañana y me da las buenas noches también, antes de cerrar la cortina, cada noche. Los atardeceres que enmarcan la torre algunos días son sobrecogedores, no he visto nunca atardeceres tan hermosos como aquí. Creo que mucho tiene que ver la humedad de la atmósfera que hace que todo brille y el cielo se tiña de los más vivos colores, desde el amarillo, pasando por el púrpura, al rojo más sangrante… una maravilla.
Se puede subir a ella, a la torre, para disfrutar de las maravillosas vistas que ofrece la ciudad, desde el cielo; pero me hago la remolona porque en el fondo, no quiero tener mas vista de ella que su imagen desde mi casa. La que pronto dejaremos para mudarnos a otra, pero no os preocupéis, la nueva también está en un canal, por lo que este blog seguirá siendo un blog con vistas al canal.
Querida Ana, la Westertoren recuperó su reloj, y desde entonces, sigue dando las horas sin parar para confort de los que vivimos cerca y para honrar a los que, como tu, encontraron sosiego al escuchar que de nuevo, quince minutos más habian pasado.















